La historia de Memphis, que no Depay: un hijo que no olvidó

El delantero holandés de Manchester United no lleva el apellido en su camiseta por rencor hacia su padre. Un relato de vida difícil

Querido padre,

Seré breve:  Nunca te perdonaré…

Emociones más, palabras menos, Memphis —a secas— se dirigiría así a su progenitor, si es que en alguna ocasión tuviera que escribirle.

En casi dos décadas no requirió de ello. A veces, para el rencor no hay fecha de caducidad. Los sentimientos, positivos o negativos, a diferencia de los enlatados, carecen de una expiración con día, hora y segundo.

Como si fuera una pelota, eso lo domina el delantero del Manchester United, quien confesó que omite el apellido Depay en su camiseta a causa de un resentimiento que germinó desde los cuatro años.

“La ruptura es irremediable. Él ha intentado establecer contacto conmigo, pero no tengo relación con él ni su familia. 

 

 

There's no better feeling than winning a game!

Una foto publicada por Memphis (@memphisdepay) el2 de Nov de 2014 a la(s) 8:19 PST

"No quiero explicar qué pasó exactamente en casa porque no quiero dar pena a la gente. Y así seguirá siendo porque ya pasé la página”, respondió en una entrevista con la BBC cuando le preguntaron acerca del tema.

El Depay padre, de origen ghanés, partió y los abandonó a él y la madre, Cora Schensema, precisamente sin una carta o despedida de por medio.

A esa edad, Memphis debió asimilarse a la idea de eliminar la palabra “padre” de su vocabulario, pese a que el resto de los niños se encargaran de recordársela. Aprendió a dejar de deletrear y pronunciar las dos sílabas. 

El significado, ese sí no lo olvidó. El cariño y la figura de autoridad se las transfirió a su abuelo materno. Ese que, a sus 15, también lo desamparó, pero no por voluntad propia, sino una ajena: la muerte.

“Ese hombre me dio mucha fortaleza y cuidó muy bien de mí. A él siempre lo guardaré en mi corazón”, afirmó. Quizás por eso se lo tatuó en la zona más cercana que pudo: el brazo izquierdo.  

A su procreador, en cambio, no. Tres veces son las que lo negó. Tanto en el PSV, club donde debutó, como en la Selección holandesa, y ahora en los Red Devils, su nombre de pila es el que aparece en la espalda. Simplemente Memphis, no Memphis Depay.

Si existen personas que gustan que se les llame por un nombre, si es que poseen dos, apodo o diminutivo, el atacante es de esos que sólo se da vuelta cuando le gritan “Memphis”; por “Depay” jamás girará el cuello.

“Son circunstancias de la vida. No es parte del futbol, es algo diferente. Tengo una vida además del deporte”, señaló.

Transformando el dolor en motivación, Memphis rechazó parte de su pasado. Tampoco se trepó a más ramas del árbol genealógico para volverlo una cuestión ancestral. Se negó a hacerse llamar Depay, sí, pero su problema era exclusivamente personal.

En cuanto pisó las canchas profesionales, su primer pedido a la marca deportiva que vestía al equipo consistió en suprimir ese apellido. No quería rastro alguno de él en sus logros… ni derrotas.

50 goles en 124 partidos después, el Bombardero fichó con el United y cumplió uno más de esos "mantras" de tinta que lleva en su musculatura: “perseguidor de sueños”, reza el que luce en el pecho.

“Cuando lo miro en el espejo me estimulo porque es un aviso de que todavía no lo he cumplido (el sueño) al 100%, pero hacía allí me encamino”, garantizó.

Únicamente Memphis —y nadie más— sabrá si el término “odio” cabe en su diccionario cada vez que oye Depay en la televisión, lo lee en las crónicas de los diarios o lo escucha en los altoparlantes del estadio cuando se prepara para ingresar.

 

Chase your dreams... Tell me, what are yours?

Una foto publicada por Memphis (@memphisdepay) el27 de Mar de 2014 a la(s) 5:15 PDT

Mientras tanto, alguien lo adoptó. No como su hijo, sí como un ahijado. Louis van Gaal, el entrenador que lo llevó al Mundial previo, y quien habla del “arte de mantener la rabia”, lo arropa a partir de que ambos coincidieron en la Selección y actualmente en la Premier League.

“No quiero decir que sea como un padre, pero es un gran técnico. Él hace mejores a los futbolistas. Luego de mi experiencia con él en Brasil (2014) me sentí más completo, fuerte y en forma”, reveló.

Ahí va Memphis, tratando de ignorar la mitad de su historia y disecar tres litros de los seis de sangre del cuerpo humano. Si Old Trafford es el “Teatro de los Sueños” y él un "dream catcher", no habrá más lugar para las pesadillas.